Este ha de ser un espacio donde haya sitio para todo tipo de tazas:

de porcelana, de cerámica, de barro, de cristal, de metal...

incluso los cafés en vaso de plástico.


lunes, 9 de enero de 2017

Entrar en una librería


Foto:  MorBCN

En casa tengo muchos libros, en toda mi vida podré leérmelos todos, aunque me ponga ahora mismo y no me dedique a ninguna otra cosa nunca jamás de los jamases (que es mucho tiempo, pero mucho).

Todos ellos (o casi) han sido escrupulosamente escogidos por mí misma (excepto los que ha adquirido mi marido, con gustos distintos a los míos), y a menudo los compro por un impulso similar al del flechazo que se puede sentir ante unos ojos bonitos.


 

¡¡Tooooma ojos bonitos!!!
Es que este hombre me tiene encandilá desde hace años, 
cuando anunciaba ropa interior siendo un chaval

 
dan ganas de comprarse unos calzoncillos, 
¿o no?


Aún así, cuando entro en una librería o una biblioteca, me inunda un sentimiento de necesidad imperiosa de llevarme algunos ejemplares a mi casa, (ese lugar donde ya apenas cabe una aguja), y ponerme a leer a todas horas.


 
Qué suertuda, la niña...

Pero luego llega la cotidianidad, la hora de la cena, la plancha, el momento de irme al trabajo, el ratito de pasear al perro, las ganas de escribir, la charla con mi marido, el sofá tentador (mantita incluída), la tele de los demonios, y por supuesto, el ordenador... entre otras muchas cosas que van apareciendo en la vida de una servidora.

Y el libro que me espera en la mesilla junto a la cama, me ve llegar con un cansancio y un sueño, que no me permiten pasar de tres o cuatro páginas miserables al día (quiero decir a la noche).


Así acabo yo todas las noches…

A este paso necesito vivir unos tres mil años o así para poder ponerme al día con mis lecturas pendientes.

Y yo, que me perdono muchas cosas a mí misma, me cabreo una barbaridad. ¡Me da una rabia no leer más!!


Cago'nlamarsalá!!! 


   

6 comentarios:

  1. Nunca tendremos tiempo para leer todo lo que deseamos, es algo que nos cuesta aceptar, pero que a todos nos pasa. Biquiños!

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    1. Por eso tenemos que ser tan escrupulosos con nuestro tiempo y a qué lo dedicamos, ¿verdad?

      Un besote, Cris :)

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  2. Leer es uno de los grandes placeres de la vida. A mí me ha quitado bastantes horas de sueño y tengo que ir con cuidado porque me resulta adictivo si el libro me gusta. Es decir, no tengo nada más en la cabeza que leer y no duermo apenas. De manera que leo durante las vacaciones porque es cuando no tengo tantas obligaciones.
    Si es libro no me absorbe, voy leyendo un poco antes de dormir y también es un placer.
    Sí, me gusta leer aunque no sea una gran lectora. Mentira, me paso los días leyendo los libros de clase pero los tengo tan vistos... Vamos, que leo tela...
    Petons!

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    1. A mí también hay libros que me resultan adictivos. Me leí "El ocho" en una noche, sin dormir, y me fui a trabajar con la cabeza llena de impresiones sobre el libro. Más de ochocientas páginas... (y un siestorro del diez cuando llegué a casa... ja ja ja)

      Leer los libros de clase no cuenta, eh... además, a estas alturas "ya te los sabes" :-P

      Petonets!

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  3. Acabas de describir mi misma situación. Tengo taaaantos libros en casa por leer, que creo que puedo pasar años y años y años sin meter ningún libro nuevo en casa, e ir leyendo de lo que ya tengo. Aún así, es entrar en una librería (y sobre todo si es una librería de segunda manos con precios muy baratos) y tener le necesidad de comprar más libros.
    Y total, después la vida diaria nos quita todo el tiempo para leer... :/
    ¡Un abrazo!

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    1. Las librerías de viejo o los mercadillos (el de S. Antoni en Barcelona es una tentación) son mi perdición total.

      En realidad, debería sacar de mis estantes los libros que sé que no leeré, pero cuando me pongo a clasificarlos, acabo abriendo una página y recordando por qué llegó a mi vida. Y al final, se queda.
      Y yo tengo que escribir entradas como ésta, en plan quejica, ja ja ja.

      Abrazote!

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