Este ha de ser un espacio donde haya sitio para todo tipo de tazas:

de porcelana, de cerámica, de barro, de cristal, de metal...

incluso los cafés en vaso de plástico.


lunes, 27 de febrero de 2017

En las pelis antiguas





En tiempos de nuestros abuelos (o bisabuelos), una de las pocas formas que había para evadirse de la realidad era el cine.
Y las historias más populares eran las de amor.
En algunos aspectos, estas pelis han cambiado un poco...


En las películas antiguas, el primer beso siempre iba precedido de muestras de resistencia femenina frente a un mal disimulado acoso. Todo aliñado con música dramática y estremecimiento general de la sala de proyección.





Rodolfo Valentino y Agnes Ayres



En las películas antiguas, la chica corría perseguida por el galán, y siempre-siempre-siempre tropezaba y acababa por los suelos. Torpecillas que eran ellas.

En las películas antiguas, a la primera mirada ya se amaban apasionadamente, lo daban todo como si llevaran vidas esperándose, se ponían ultimátums y dejaban a un lado el mundo entero para demostrar un amor que, en realidad, hace dos minutos que ha nacido.


En las películas antiguas la chica puede desnucarse cuando el chico la besa. Creo que en los descansos de los rodajes, las actrices llevaban collarín.




Clark Gable y Vivien Leigh

En las películas antiguas se juran amor eterno y pasan años y años sin verse, sin buscarse, sin saber nada el uno del otro. Y al final, cuando sus caminos se cruzan, ambos se estaban esperando "de toa la vida".





Casablanca (1942)
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman



En las películas antiguas el tiempo no cuenta. Nadie es consciente de que un amor que espera y espera acaba por marchitarse. Para nada.

En las películas antiguas, cuando uno de los protagonistas se casaba con alguien equivocado, solamente cabía esperar que ese alguien muriera unos fotogramas más adelante.


En las películas antiguas, si la chica era un poco descocada, el novio podía soltarle un hostión y todo el público estaba de acuerdo en que ella se lo había buscado.




Gilda (1946)
Rita Hayworth y Glenn Ford



A nuestros abuelos les encantaba ir al cine...



Luces de la ciudad (1931)
Charles Chaplin y Virginia Cherrill


Tal vez ellas imaginaban un amor distinto, cuando miraban a sus maridos llegar del campo, cansados, sin afeitar y con un montón de dificultades para tirar adelante una familia.

Tal vez ellos soñaban con una mujer perfecta, como las del celuloide, que se levantaban de la cama con el maquillaje impecable y cada pelo en su lugar.


Tiempos de vidas grises y de pocas distracciones, supongo...




 


 


lunes, 20 de febrero de 2017

El extranjero


De niña me hicieron leer “L’étranger”, de Albert Camus. Creo que fue en 1º de BUP. Lo que recuerdo es que el libro era muy difícil para mis catorce años, no entendía nada. Probablemente porque la asignatura de francés era la que menos me gustaba de todas (por lo poco que me enteraba y lo mal que me caía la monja que lo enseñaba).

La verdad es que hice trampas. Mi madre tenía el libro en castellano, así que lo leí para poder responder a las preguntas del trabajo que debía entregar. Aún así, apenas si pillé algo. Definitivamente, era un libro mú complicao.


Albert, majo, que la monja se pasó tres pueblos.


De mayor, con unos 30 años, lo volví a leer. En francés (olé tú). Y oye, que el libro no estaba mal. De mi primera lectura recordaba vagamente una playa y a Fernandel (desde entonces me dio mal rollo, fíjate), pero al retomarlo (por segunda tercera vez) le encontré algo más de sentido. Ahí había una historia de desesperanza, de vacío existencial, de falta de valores… ahí había algo. Y lo disfruté.

He terminado mi lectura (ooootra vez, caramba, soy insistente) hace un par de días, y me ha dejado un sabor áspero en la boca.

Yo no entiendo de filosofía, me agobian un poco los que saben tanto que al final sus opiniones son más importantes que la obra que están comentando (que nadie se sienta atacado, que no me refiero a nadie concreto). Yo solamente sé que me gusta leer, y más releer, porque cada vez que retomo un libro, lo veo con ojos nuevos. Mi opinión es de ir por casa, y no debe influir sobre nadie absolutamente, porque es tan poco válida como la de cualquiera. Esto es, más que nada, un aviso  :-D


Este pajarito también tiene algo que decir...


Para empezar, el título. En francés es “L’Étranger”, que podemos traducir como “extranjero”,  pero también como  “extraño”. Y me inclino a pensar que Camus preferiría esta otra versión…

La historia arranca con el entierro de la madre de Meursault, el protagonista, un hombre apático y de grisáceo carácter. Sin que este acontecimiento influya en su estado de ánimo, continúa su vida con toda normalidad. Por un casual, y sin que parezca premeditado, acaba matando a un hombre, motivo por el cual será juzgado y condenado. Sin embargo, las apariencias muestran que más que por el asesinato, se le juzga por la frialdad con la que se enfrentó a la pérdida de la madre. Todo en el juicio es bastante absurdo, en realidad.

El personaje es anodino, sin ambiciones, sin sueños, sin ganas de nada, durante toda la novela nos va repitiendo la sensación de aburrimiento y hastío que siente ante las cosas más cotidianas o incluso ante lo más terrible, como puede ser su propio juicio y posterior condena.

Le son indiferentes la muerte de su madre, el amor de una mujer, la posibilidad de obtener un empleo mejor con posibilidades de viajar… esa misma indiferencia es la que le hace matar. Nada tiene importancia.

Creo que el protagonista es una persona que carece totalmente de empatía y de capacidad de arrepentimiento, apenas tiene apegos con nadie y le son indiferentes los sentimientos de los demás (¿no son características típicas de los psicópatas?), y a pesar del miedo lógico que siente ante una muerte segura, en el fondo reconoce que no le va tan mal (incluso en los últimos días de su vida) y cree que es, de algún modo, feliz. Esta felicidad es debida a que se siente en comunión con la Naturaleza, que es tan indiferente a todo como él mismo, que acepta lo que tenga que venir, sea lo que sea.

Ateo hasta el fin, piensa que la vida no vale la pena y que, después de todo, la certeza de lo divino no existe, en cambio él está muy seguro de sí como individuo al margen de la sociedad.
  
Marcelo Mastroianni interpretó a  Meursault 
en la película de Visconti de 1967


La indiferencia que muestra Meursault hacia el mundo en general no nos deja indiferentes como lectores, al contrario, es angustiosa. Una muestra de existencialismo ambientado en Argel y Marengo (Argelia).  Hasta el nombre de esta ciudad apela al color gris…








jueves, 16 de febrero de 2017

El hombre sabio



En medio de una reunión de sabios, un genio se aparece ante el que tenía la palabra y le ofrece un deseo, a elegir:

inagotable riqueza

sabiduría excepcional

belleza sin igual


El hombre, sin vacilar, pide la sabiduría.

A los pocos segundos, uno de sus colegas le pide que diga algo. Todos le rodean, expectantes… serán las palabras del más sabio entre los sabios.

Él los mira, y dice:
- Debí escoger el dinero.





lunes, 13 de febrero de 2017

Kafka y la muñeca viajera


Parque Steglitz, Berlín. Autor y fecha sin determinar.


Un año antes de morir, Franz Kafka escribió la que tal vez fuera su mejor obra, y lo hizo para un solo lector: una niña de corta edad.

La conoció en el parque Steglitz, cuando el sonoro llanto de la cría llamó su atención. Había perdido lo más valioso para ella: su muñeca.
Kafka quiso consolarla, y le dijo que la muñeca no se había perdido, sino que había partido de viaje para conocer mundo. Había escrito una carta para la niña, pero la tenía en casa. Al día siguiente se la traería.

Así fue como empezó. Durante tres semanas, la muñeca fue mandando cartas desde los lugares más lejanos del planeta, contando miles de aventuras que acabaron en enamoramiento, boda y planes de futuro. Durante este tiempo la niña acabó aceptando la separación de la muñeca, y Kafka sintió que había hecho algo importante.  


Las cartas desaparecieron con la niña, cuya identidad se desconoce a pesar de haberse hecho una búsqueda exhaustiva durante años por parte de un amigo del famoso escritor.



En 2004, César Aira escribió un artículo en El País donde se contaba esta anécdota, e inspirado por la historia, Jordi Sierra i Fabra escribió una novela enternecedora que me ha emocionado: Kafka y la muñeca viajera. Ante la falta de detalles de la historia, Sierra se permite inventarse algunos datos, provocando que el lector sienta una profunda empatía hacia la pequeña.

Tal como se lee en el libro,
La relación de una niña con su muñeca es de las más fuertes del universo”.






Tomaron café...


Contadores de visitas

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