Este ha de ser un espacio donde haya sitio para todo tipo de tazas:

de porcelana, de cerámica, de barro, de cristal, de metal...

incluso los cafés en vaso de plástico.


martes, 17 de enero de 2017

Limpieza de gente

La típica agendita, 
la tengo desde hace la tira de años...


Tengo una agenda de papel que llevo en el bolso, la de anillas de toda la vida. Allí hay unas páginas para apuntar direcciones y teléfonos, y tengo bastantes contactos. 

Tengo otra lista de teléfonos en una libreta en casa. Es un cuaderno muy sencillo, de esos de espiral, con tapas azules sin gracia ninguna, pero muy práctico (nota mental: podría tuneármelo y que fuera un poco bonito, ya puestos...)

Esta es más sosaina...

En el móvil tengo bastantes teléfonos también, además de los contactos de los correos electrónicos (se me han mezclado), y si en algún momento se perdiera o se estropeara, esa información quedaría en el limbo.



Aquí mis contactos, 
aquí unos lectores...

Y es lo que ha ocurrido (a medias). He cambiado de móvil, y al poner la tarjeta SIM en el nuevo, algunos contactos no se han pasado. Entre ellos, los números de un grupo de amigas de whatsapp y el más importante de todos... ¡mi marido!


En mi caso no ha sido así de fácil, ainsss!

No entiendo ná. Los otros grupos están ahí... (aunque las conversaciones se han borrado, no pensé en guardarlas en Drive o algo así, jo, qué mal).

Por eso es tan importante que me haga un excel con los datos de la gente que conozco, con teléfonos, direcciones, mails... marcando a las personas que ya no me interesan, pero sin eliminarlas, por si acaso en algún momento necesito su teléfono (sí, ya... lo necesitaré en caso de hecatombe nuclear a nivel mundial, no te fastidia). 


¿Los necesitaré? ¿seguro? 


No, ya que me propongo un trabajo tan monumental, mejor reviso la agenda y saco de mi vida a unas cuantas personas que ya no forman parte de mi entorno, o que no me interesa mantener... 

En un excel los podré ordenar por grupos, por orden alfabético, por cualquier categoría que me apetezca añadir... incluso podría imprimirlo y ponerlo en la parte de atrás de mi listín personal, ese azul cutrillo, en mi casita y a salvo.

También he comprado un índice nuevo para la agenda de papel, y sí, voy a hacer un buen zafarrancho de limpieza (como si no tuviera más obligaciones en la vida, no paro de ponerme deberes).


Yo no limpio así, si lo hiciera, 
otro gallo me cantaría (o varios, vete a saber)


Antiguamente la gente solo tenía una agenda en su casa, junto al listín telefónico, una libretita de notas y un bolígrafo, en la mesita del único teléfono familiar, en nuestro caso un Heraldo gris. 




No había pérdida posible, para hacer una llamada uno se sentaba junto al aparato, marcaba el número previa consulta en la agenda, tomaba los apuntes que fueran necesarios durante la conversación y, si fuera menester, se arrancaba la hoja de papel y se metía en el bolso para hacer el recado o lo que hiciera falta.

Ahora no. En este mundo tecnológico nuestro, el móvil se supone que nos facilita la vida. Pero en cuanto lo pierdes o te lo cambias... o eres un lumbreras o te quedas in albis... (yo soy una torpe del copón, que también lo tengo asumido).

¿Y los ordenadores? Con ese nombre, deberían ordenar todo, ¿no?
Pues no, al contrario: además del lío de documentación física que una casa produce, se añaden aquí los follones virtuales de "hala, ya tengo una factura sin papel", "uy, esto lo guardo", "ah, esto lo leo luego", "ehhh, las fotos aquí en esta carpeta", y otras frasecitas que seguro que hemos dicho todos en algún momento...


Viendo esto me entran ganas de llorar, 
también te lo digo...


Hace un par de años estuve tres semanas sin ordenador, y apenas usaba el móvil. ¿Y sabéis qué?
¡Fui feliz!


PD - He recuperado a mi marido como contacto, por si alguien se lo preguntaba...
PD2 - Me parece que me ha quedado una entrada un poco de viejuna, ja ja ja...







viernes, 13 de enero de 2017

Reto: 5 líneas

  

CrisMandarica me avisó, y allá que me fui... en el blog de Adella Brac se puede participar en el reto de escribir un relato de cinco líneas que contenga tres palabras que previamente ella habrá elegido al azar.

Las de este mes eran: herencia, accidente y verdad.

He pensado que un minicuento no me compromete mucho, así que me he lanzado. Lo cierto es que lo he escrito en cosa de unos minutos, así que no es de una calidad demasiado presentable... pero como ejercicio de soltura me ha parecido estupendo.

Luego he ido a cotillear los de los demás... ¡caramba, qué nivel y qué inventiva!
Me ha gustado mucho esta iniciativa, creo que intentaré participar cada mes.



Ahí va:

Que parezca un accidente, pensó mientras acariciaba la idea de matarla. Acceder a la herencia como hijo inconsolable era lo único que se le ocurría, harto ya de escuchar una y otra vez sus quejas. Pero era él quien yacía en el suelo, cubierto de su propia sangre. Quería montar un artilugio con cuchillas para que ella se cortara en varios sitios a la vez, pero le había salido mal el invento. La verdad es que siempre fue un poco torpe. 



PD - Lo he releído al cabo de un rato y ya le veo fallos mil... ja ja ja, pero bueno. Se supone que los escritos "serios" llevan un trabajo de edición y corrección detrás, y este no lo tiene, pobrete.




miércoles, 11 de enero de 2017

Escribir como si nadie lo fuera a leer




A escribir sí. 
Lo que no me atrevo es a enseñarlo...


Yo escribo. Desde hace años. Muchos.

Escribo como si nadie me fuera a leer, entre otras cosas porque no dejo que nadie lo haga. Tengo la engañosa impresión de que soy libre: no me conoce nadie y no tengo la presión de llegar a un nivel concreto, porque nadie espera nada de mí.

Uy, no es tan fácil…

En mí hay dos yos, el que quisiera que toooodo el mundo leyera lo que escribo y el que preferiría que quedara en el cajón del olvido, para deleite (o castigo) de los más allegados.


De hecho, va ganando el segundo "yo". Por ahora todo lo que he escrito está ahí, en ese cajón. Y no tiene pinta de salir...



Lo que suelto en el blog es algo casual, no lo considero “un escrito”, es solo una conversación con alguien que está al otro lado de la pantalla, que en realidad no es uno solo, sino varios seres humanos a quienes no pongo cara ni voz, simplemente son entes desconocidos... A veces opinan, comentan... y entonces se convierten en personas concretas, con nombre o nick, con personalidad. Si en su perfil hay una foto es más fácil ver un rostro (evidente, qué lista soy, joder), pero si no la tiene, soy incapaz de ponerle cara (poca creatividad, también...). Eso no quita que les coja cariño y que los considere, en cierta manera, coleguis con los que compartiría un café en persona.
Sí, tú que me lees, al final me haces sonreír cuando veo un comentario tuyo, y sé positivamente que en la red se puede encontrar una amistad real.


 Bueno, sigo (que me voy por las ramas cual mono saltarín).

¿Por qué digo esto? porque en mi fuero interno me encantaría atreverme a colgar mis relatos, peeeeero tengo una especie de terror a varias cosas, a saber:
(ya'mpezamos con los apartados, qué pesaíca soy)


a) Me da miedo la opinión de los lectores.
No debería, en el mundo hay gente de todo tipo y SEGURÍSIMO que no a todos les va a gustar lo que yo escriba. Ni lo que yo opine. Ni siquiera yo como individuo.

Incluso él encontraría gente hostil…

b) Tengo miedo de que me copien.
Aaaaamiga, ahí denotas que en el fondo crees que escribes algo digno de ser plagiado, ¿no?

Una vez vi que alguien había hecho un corta y pega de mi blog a otro blog, y lo había puesto como si fuera algo propio. ¡Me dio una rabiaaaa! y entonces pensé que si una chorrada tan tonta como una entrada de blog me podía causar tal estrago, imagínate si alguien publicara un cuento mío con su nombre como autor. Me da un patatús.

Claro, si todo el mundo pensara así, las ideas no habrían salido de la cabeza de nadie... viviríamos en cuevas y cazaríamos con palos y piedras (bueno, tal vez está bien que la gente comparta pensamientos, sí, vale).

Por otra parte, siempre se puede registrar todo lo que uno ha redactado, si considera que merece cierta atención, lo cual conduce a...

c) Tengo miedo de que alguien piense que me hago la chula porque me creo que escribo rebien.
Durante años, en alguna parte de mi mente, he oído la vocecita de la modestia, fastidiándome cuando he querido resaltar en algún campo que se me daba bien. Si al final me llevaba el mérito, la vocecita cabrona acababa por meterse en mi boca y soltar comentarios como "no me lo merezco", "he tenido suerte"... cuando quizás llevaba meses esforzándome para conseguirlo.


De momento hay tres motivos por los que no me atrevo a dejar que la gente lea mis relatillos, y los tres incluyen la palabra MIEDO.

¿No es absolutamente triste?







lunes, 9 de enero de 2017

Entrar en una librería


Foto:  MorBCN

En casa tengo muchos libros, en toda mi vida podré leérmelos todos, aunque me ponga ahora mismo y no me dedique a ninguna otra cosa nunca jamás de los jamases (que es mucho tiempo, pero mucho).

Todos ellos (o casi) han sido escrupulosamente escogidos por mí misma (excepto los que ha adquirido mi marido, con gustos distintos a los míos), y a menudo los compro por un impulso similar al del flechazo que se puede sentir ante unos ojos bonitos.


 

¡¡Tooooma ojos bonitos!!!
Es que este hombre me tiene encandilá desde hace años, 
cuando anunciaba ropa interior siendo un chaval

 
dan ganas de comprarse unos calzoncillos, 
¿o no?


Aún así, cuando entro en una librería o una biblioteca, me inunda un sentimiento de necesidad imperiosa de llevarme algunos ejemplares a mi casa, (ese lugar donde ya apenas cabe una aguja), y ponerme a leer a todas horas.


 
Qué suertuda, la niña...

Pero luego llega la cotidianidad, la hora de la cena, la plancha, el momento de irme al trabajo, el ratito de pasear al perro, las ganas de escribir, la charla con mi marido, el sofá tentador (mantita incluída), la tele de los demonios, y por supuesto, el ordenador... entre otras muchas cosas que van apareciendo en la vida de una servidora.

Y el libro que me espera en la mesilla junto a la cama, me ve llegar con un cansancio y un sueño, que no me permiten pasar de tres o cuatro páginas miserables al día (quiero decir a la noche).


Así acabo yo todas las noches…

A este paso necesito vivir unos tres mil años o así para poder ponerme al día con mis lecturas pendientes.

Y yo, que me perdono muchas cosas a mí misma, me cabreo una barbaridad. ¡Me da una rabia no leer más!!


Cago'nlamarsalá!!! 


   

Tomaron café...


Contadores de visitas

Aviso:

La mayor parte de las fotografías publicadas en este blog han sido encontradas por Internet. Si el autor de alguna de ellas desea que la quite de mi página, por favor, que me lo diga en el comentario correspondiente dejando nombre y correo electrónico de contacto y será eliminada.
Gracias.