Este ha de ser un espacio donde haya sitio para todo tipo de tazas:

de porcelana, de cerámica, de barro, de cristal, de metal...

incluso los cafés en vaso de plástico.


lunes, 26 de mayo de 2014

Juguetes de los 70 (Parte II: juguetes para niños)


Esto continúa desde aquí, donde hablaba de los juguetes para niñas.

Las niñas jugábamos a cocinitas, a mamás y papás o a maestras (con nuestras muñecas como alumnas aplicadas y obedientes).

Los niños jugaban a indios y vaqueros, a piratas, a fútbol...





Había juguetes mixtos (más adelante hablaré de ellos), aunque en realidad no solíamos jugar juntos niños y niñas. En mi caso, menos todavía.

Al no tener ni hermanos ni primos a mano, el terreno masculino no era muy conocido para mí.
Hasta BUP fui a un colegio de niñas, con lo que mis conocimientos sobre los chavales se limitaban a las vacaciones en el pueblo.

El único amiguito varón que tuve en la ciudad fue mi vecinito Jordi, al que con siete años acabé peinando con coletas (porque llevaba una media melenita muy mona), y su madre casi me come. Pero a él le encantó, ja ja ja. Jugábamos más en mi casa, pero cuando yo iba a la suya lo pasaba genial con los juguetes de niño, que por más que pedía yo a los reyes, no me traían jamás. Yo creía que era por seguir el rol femenino, pero no, es que lo que yo pedía era carísimo...

Como este coche de pedales, que me dejó probar una vez (pero sólo una, era un pelín rancio).


Tenía también el chaval un parking de coches (sueño de mi niñez) con ascensor, rampas y poste de gasolina.
Una pasada.





Este autobús lo tuve yo.




Este helicóptero con montones de funciones diferentes lo tenía Jordi, para que se vea la diferencia de poder adquisitivo, ja ja ja ja.





Los cochecitos, motos y camiones han sido el juego de los niños por excelencia. Todos tenían varios, algunos más de baratillo y otros de más categoría.




Unos se movían a cuerda, otros por fricción contra el suelo... había algunos que eran una preciosidad, se podían abrir sus puertas, y ¡hasta el maletero!





Y luego estaban los lujosos coches teledirigidos, unidos al mando por un cable que te hacía seguir al coche por todas partes. Ese cable era la pesadilla de todos, porque era gordo e incómodo. Ya habrían querido ellos tener los cochazos teledirigidos de ahora...





Y si no querían volverse locos corriendo detrás del coche, pues podían conducir sentados tranquilamente, con algo más "virtual".



También estaba la versión ricachón: los barquitos teledirigidos y los aviones. En el parc de la Ciutadella de Barcelona, los domingos por la mañana se hacían corrillos alrededor de los papás, porque el crío lo cataba poco, la verdad.

Adivinad quién lleva el control remoto del barquito.


Igual que el Scalextric.




Lo compraban para el nene, pero... al final eran los papás los que jugaban.

Y el Ibertren, ¿qué me decís del Ibertren?


 


El Ibertren era algo así como la versión masculina de las casitas de muñecas, que merecen una entrada aparte. Se hacían maquetas muy elaboradas para los trenecitos, así que había que tener un espacio apropiado para montarlo todo.
Aunque más parecido a una casita de muñecas era el fuerte del oeste.




¿Quién no recuerda la frase publicitaria “Juguete completo, juguete Comansi”?
Los fuertes del oeste eran muy chulos, con sus diligencias, sus empalizadas, sus soldaditos...


Y sus versiones más baratitas, con las figuritas monocolor.



También estaban los Clicks. Las chicas de los Clicks eran las Clacks, aunque no llegaron a ser tan conocidas como ellos.



En realidad, al principio, los Clicks eran de Famobil, empresa de Onil (sospecho que sería Famosa, la de las Nancys, pero la empresa original era la alemana Playmobil que al final los fabricó en exclusiva). 
Con los Clicks se podían hacer mundos enteros, había de todo. Y hoy en día, todavía hay más.




Además estaban los Airgamboys, que eran del mismo estilo, creo que fueron anteriores. Sus versiones femeninas eran las Miss Airgam. Aunque las niñas jugábamos con muñecas más logradas.

 


Big Jim, Geyperman y similares eran las versiones masculinas de Nancys y Barbies.



Aunque las estrellas de la época eran los Madelman, unos muñequitos sin pies (tenían los muñones clavados en las botas) que eran una maravilla.



"Los Madelman lo pueden todo", decía el anuncio.
No me extraña, con ese ajuar...
Tenían ropa variada, trajes de camuflaje, de soldado, de buzo, de policía militar, policía de patrulla, vaquero del oeste, explorador... helicópteros, Jeep, lancha, accesorios como prismáticos, armas de fuego, arcos y flechas... menudos eran ellos.


 




Los sobrecitos Montaplex de a cinco pesetas, fueron también muy populares entre los chavales.




Igual que a las niñas, a ellos les compraban los famosos sobres en el kiosko. Encontraban ahí soldaditos de distintas nacionalidades: indios y vaqueros, alemanes, japoneses, romanos, gente del espacio sideral...




La versión masculina de las muñecas de papel eran las casitas recortables para montar.



Los niños también tenían conjuntos de vaquero, de agentes de policía, de Robin Hood, de indio, de pirata, de vikingo, etc...








Las pistolas detonadoras, que disparaban "de verdad" tuvieron un éxito rotundo.



El sencillo tirachinas... (esto ya era más de cuando iba al pueblo, en verano, allí todos teníamos uno, incluso yo...)



Aparte estaban los robots y demás artilugios futuristas.



Y la pelota. ¿Quién no ha jugado a fútbol y se ha creído un Cruyff de la época?



Cualquier objeto esférico era susceptible de convertirse en un balón de reglamento.



Incluso se hicieron futbolines de juguete para trasladar la emoción de la sala de billares al cuarto de jugar.




La pelota era un juego que dependiendo del material, del tamaño o del uso, podía ser de niño o de niña.
Ellos jugaban a chutar, ellas a pasársela tirándola por el aire o lanzándola contra la pared mientras cantaban cancioncillas.





Pero para hablar de juguetes mixtos, haré otra entrada (espero no tardar tanto).

  




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