Este ha de ser un espacio donde haya sitio para todo tipo de tazas:

de porcelana, de cerámica, de barro, de cristal, de metal...

incluso los cafés en vaso de plástico.


viernes, 11 de abril de 2014

Ponerme las pilas





Después de añññños de no actualizar ninguno de mis blogs, ahora quiero ponerme las pilas, escribir con cierta frecuencia y visitar blogs amigos.

Algunos han dejado de existir, otros siguen ahí aunque dudo muy mucho que se acuerden de mí (no me extraña). Y estoy descubriendo otros la mar de interesantes a los que me pienso acoplar a la de ya.

Quiero volver a sentir ese cosquilleo que tanto echo de menos. Lo pasaba muy bien, no sé exactamente por qué dejé de escribir aquí. Supongo que un día no tuve tiempo, al siguiente no me puse, al otro tenía faena... y así fueron pasando las semanas, los meses y los años.

Me apetece volver. Pero para todo eso no necesito unas pilas, no...  necesito una batería de tractor, por lo menos.




lunes, 25 de abril de 2011

Juguetes de los 70 (Parte I: juguetes para niñas)



Muñeca Balita 


De muy niña, con un año o dos, mi muñeca de cabecera era una Balita, de Famosa.

Y mi osito de peluche, que me acompañó en las penas y las alegrías hasta que me casé (bueno, a partir de cierta edad lo tenía de adorno... ja ja ja).




Aparte de la Nancy de mis amores, de la que he hablado en la entrada anterior,




en mi casa vivían multitud de muñecos de mi hermana, que era más pequeña y jugaba más con ellos (yo me cansé pronto de las muñecas, aunque ahora de mayor haya recuperado la afición). 

Estaban Nenuco y sus posteriores versiones en bebé y en niña (más tarde salieron las versiones negrito y chinito), que hacían pipí y burbujitas con la boca.





Barriguitas era un muñequito pequeño,





Baby Mocosete "es un solete" moqueaba de verdad, qué asquito me daba..., 

 



Patoso, que gateaba, y un largo etcétera, pues le encantaban.

 



La preferida de mi hermana era era La Pepona.
La que había en casa tenía el vestido de cuadritos de colores, pero la muñeca era ésta mismita.







También estaba la Pepa, una muñeca que cambiaba de expresión gracias a que ojos, boca, nariz y cabellos iban pegados con velcro, pudiendo cambiar su cara a voluntad.





Por supuesto, todos aquellos muñecos precisaban una serie de accesorios, como cochecitos, sillitas, cunitas... a parte de ropita, canastillas de aseo, etc...






Así, en plan baratillo, en los kioskos vendían unos sobres, a duro (cinco pesetas), llenos de juguetitos para niñas.




Juegos de enfermera, de cocina, de tiendas, de maquillaje, de limpieza... (qué sexistas, eh...)






Venían las piezas unidas entre sí, ya que todas eran de plástico inyectado. Había que ir separándolas una por una, pero al final daba gloria jugar con aquello.




Porque no había que esperar a que llegaran los Reyes Magos o un cumpleaños para tener un sobre de aquellos.

Si ahorrabas la paga o si te portabas muy bien, quizás el domingo caía un sobrecito.

Había sobres para niños también, en la próxima entrada hablaré de ellos.

También de kiosko eran las muñecas de papel de distintas editoriales, algunas de muy buena calidad, con la muñeca de cartón duro, o incluso con pelo, y otras más económicas, todo de papel.








Todavía las tengo, en unas cajas de camisas. Por el desván andan.


Aunque lo chulo era hacerse los vestidos al gusto de una. Como hacía con mis hijas, que me pasaba las tardes pintándoles trajes de princesa para sus muñecas de papel.




Y qué decir del biberón mágico.



Al girarlo se vaciaba gracias a una cámara escondida en la tetina. Podíamos dar la leche a los bebés-muñeco sin fingir, de verdad de la buena.



Recuerdo un momento de mi vida en que jugaba con mi plancha y mi tabla de juguete junto a mi madre, que estaba planchando de verdad.

 


Mi hermana, un bebé de meses, se puso a llorar, y mi madre la tomó en brazos. Yo fui a la cunita de juguete y me puse a mi muñeco contra mi pecho, abrazándolo.
Hay que ver, como aprendemos las cosas por imitación, eh...



Otros juguetes baratos eran las pulseritas de scobidou, un bebé en una trona, un gatito de plástico o la cámara de fotos que asustaba al disparar (bueno, eso de que asustaba es un decir...)


         



Llegamos a las cocinitas, las de toda la vida.




En los 70 eran de plástico o metal, y seguían el estilo de las de verdad. Las de madera, más antiguas, las dejo para otra entrada al blog que estoy preparando.

La cocinita que me trajeron los reyes a los cuatro años tenía una nevera con las rejillas de aluminio, un horno que se abría y las losetas de la pared eran de color azul, igual que la cocina de mi casa. El grifo lo tuneó mi padre para que sacara agua de verdad, con una pera de goma por detrás, después de jurar que no ensuciaría nada con el agua (cabía poquita, por otra parte).


Ahí llegaban todos los enseres para hacer comiditas: vajillas, batería de cocina, juego de café, cubertería... es curioso que en esos años no teníamos vajillas de Disney (qué alivio), y todo tenía un aire realista.







Los cubiertos, por ejemplo, eran como los de mi abuela, con aquellos adornos clásicos en el mango. Los platos y tazas imitaban a los de Duralex, los míos eran en verde, como los de mi madre.







Jugar a cocinitas en mi casa era imitar tal cual todo lo que pasaba en la cocina de los mayores. Sentábamos a los muñecos a la mesa y hala, a comer.

Y luego, impepinablemente, mis padres debían tomarse un café en nuestras tacitas.



Más adelante llegaron a las cocinitas los electrodomésticos que funcionaban “de verdad”: máquinas de coser, lavadoras, batidoras... aunque yo ya había crecido y no los tuve.



Y como no, hay que nombrar a la Señorita Pepis y sus famosos maletines.




Eran el no va más de los juguetes femeninos. Tenía multitud de juegos para cualquier niña soñadora de la época: enfermera, esteticienne, peluquera...  







Las niñas y los niños jugábamos a cosas diferentes, cosa lógica, ya que se esperaba de cada sexo un rol muy distinto...

Me dejo muchísimos juguetes en el tintero, pero estoy preparando una entrada sobre los que eran para niños, otra de juguetes unisex, otra sobre juguetes de nuestros padres, otra sobre casitas de muñecas...



  

sábado, 23 de abril de 2011

Nancy, de Famosa




Cuando yo era niña, la muñeca por excelencia era la Nancy, de Famosa.








Era una linda chica, con sus piernas fuertes y un cuerpo mucho más proporcionado que las anoréxicas Barbies.




Tenía multitud de accesorios: calzado, postizos de peluquería, ropa interior,









ropa de todo tipo que cambiaba cada temporada,






muebles,
 


complementos para viajar,


juego de café,



puzzles, juegos de manualidades... vamos, de todo.



Incluso llegó a tener novio, Lucas,


y una hermana pequeña, Leslie.





Las niñas teníamos a las Nancys como unas amiguitas más, y todo lo hacíamos juntas.


A mis hijas no les pude comprar una, porque ya no estaban de moda.
Sólo la encontré vestida de comunión, en plan adorno.




Y las nuevas Nancy eran una burda copia de la Barbie. Qué pena.




Las mujeres que tuvimos a Nancy como amiga, la recordamos con mucho cariño. Yo conservo la mía (rubia), y tengo también la de mi hermana (morena) y ahora la de mis hijas (la de comunión, que pasó a cambiarse de ropa como las otras, faltaría más).

Hace poco, en su cuarenta aniversario, la casa Famosa ha reeditado la Nancy de toda la vida, aunque venía acompañada por la Nancy New (también llamada Nancy besugo por los ojazos que le han plantado a la chavala).



Aunque ninguna New podrá sustituir a las Nancys de toda la vida...


Tazas servidas


Contadores de visitas

Aviso:

La mayor parte de las fotografías publicadas en este blog han sido encontradas por Internet. Si el autor de alguna de ellas desea que la quite de mi página, por favor, que me lo diga en el comentario correspondiente dejando nombre y correo electrónico de contacto y será eliminada.
Gracias.