Este ha de ser un espacio donde haya sitio para todo tipo de tazas:

de porcelana, de cerámica, de barro, de cristal, de metal...

incluso los cafés en vaso de plástico.


miércoles, 23 de abril de 2014

Feliç Sant Jordi


Sant Jordi Gloriós,  Francesc Canyellas  1922




Avui és el dia de Sant Jordi, patró de Catalunya. 

I celebrem el dia del llibre i la rosa, tradició molt nostrada que s'està expandint pel món sencer. 

Pels catalans també és el dia dels enamorats (enimorats a Ponent, que parlem una mica diferent...)

Feliç diada de Sant Jordi!


   




 


lunes, 21 de abril de 2014

¿Recordáis a esta mujer?


Cuando mi madre venía a buscarnos al cole, mi hermana y yo solíamos salir disparadas hacia la calle. Teníamos un trecho hasta casa, normalmente acompañadas por otras madres y otras niñas.

Sin embargo, algunas veces (más de las que yo quisiera) mamá traía un neceser y nos decía: “vamos al baño, que os voy a peinar un poco”.
Eso significaba que íbamos al médico.



Y allí estaba ella, en la sala de espera. Con aquel rostro dulce y el gesto que pedía silencio. En aquella época, tenía buen aspecto, los colores de su cara eran saludables y la foto en sí era toda una novedad. 

La chica de la imagen que acompaña este comentario tiene un tono descolorido por los años.
¿Dónde estará esta mujer? ¿sería enfermera de verdad? ¿modelo, tal vez? ¿tendrá hijos, puede que nietos?

A veces recuerdo personas de mi pasado, gente que conocí o que me resultaba familiar por verla en la tele o en carteles publicitarios.
Y me pica la curiosidad.
Y no me puedo rascar… 


    

jueves, 17 de abril de 2014

La primera vez que leí a García Márquez



Cuando era pequeña me encantaba leer cuentos y tebeos. 

Un día mi madre me dijo que yo ya era mayor para entender algunas cosas. No sé por qué lo dijo, supongo que habría alguna novedad familiar, tal vez algún problema... no lo sé. Lo único que recuerdo es que, mientras ella iba hablando, yo pensaba "mamá cree que ya soy mayor" y sonreía para mis adentros.

Así que cuando terminó de hablar, me fui derechita a la librería del comedor. Y pillé un libro: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
Yo tenía seis años.

Evidentemente, a la tercera línea me aburrí de mala manera. Por supuesto, no entendía nada. Y eso me entristeció, porque si era mayor ¿por qué no comprendía un libro de mayores? no sería tan difícil...

Mi madre me dijo que tal vez no era TAN mayor como para leer un libro así, pero me aseguró que cuando pasaran algunos años podría probarlo de nuevo. Lo recordé como "el libro que hablaba de un niño que fue a conocer el hielo". Creo que leí hasta la palabra hielo, y es posible que fuera la primera palabra conocida del libro.

A los diecisiete lo encontré por casualidad, habíamos cambiado de casa, yo tenía mis propias lecturas. Lo abrí, y en cuanto empecé a leer recordé la anécdota de mi anterior intento.

Fue mi primer contacto con García Márquez, uno de esos autores que han dejado huella en mí. Un libro que me encantó. Luego le siguieron muchos otros, pero mi favorito siempre fue Cien años de soledad.

Hoy ha muerto García Márquez. 
Como minúsculo homenaje hoy voy a empezar a releer el libro.



                      

viernes, 11 de abril de 2014

Ponerme las pilas





Después de añññños de no actualizar ninguno de mis blogs, ahora quiero ponerme las pilas, escribir con cierta frecuencia y visitar blogs amigos.

Algunos han dejado de existir, otros siguen ahí aunque dudo muy mucho que se acuerden de mí (no me extraña). Y estoy descubriendo otros la mar de interesantes a los que me pienso acoplar a la de ya.

Quiero volver a sentir ese cosquilleo que tanto echo de menos. Lo pasaba muy bien, no sé exactamente por qué dejé de escribir aquí. Supongo que un día no tuve tiempo, al siguiente no me puse, al otro tenía faena... y así fueron pasando las semanas, los meses y los años.

Me apetece volver. Pero para todo eso no necesito unas pilas, no...  necesito una batería de tractor, por lo menos.




lunes, 25 de abril de 2011

Juguetes de los 70 (Parte I: juguetes para niñas)



Muñeca Balita 


De muy niña, con un año o dos, mi muñeca de cabecera era una Balita, de Famosa.

Y mi osito de peluche, que me acompañó en las penas y las alegrías hasta que me casé (bueno, a partir de cierta edad lo tenía de adorno... ja ja ja).




Aparte de la Nancy de mis amores, de la que he hablado en la entrada anterior,




en mi casa vivían multitud de muñecos de mi hermana, que era más pequeña y jugaba más con ellos (yo me cansé pronto de las muñecas, aunque ahora de mayor haya recuperado la afición). 

Estaban Nenuco y sus posteriores versiones en bebé y en niña (más tarde salieron las versiones negrito y chinito), que hacían pipí y burbujitas con la boca.





Barriguitas era un muñequito pequeño,





Baby Mocosete "es un solete" moqueaba de verdad, qué asquito me daba..., 

 



Patoso, que gateaba, y un largo etcétera, pues le encantaban.

 



La preferida de mi hermana era era La Pepona.
La que había en casa tenía el vestido de cuadritos de colores, pero la muñeca era ésta mismita.







También estaba la Pepa, una muñeca que cambiaba de expresión gracias a que ojos, boca, nariz y cabellos iban pegados con velcro, pudiendo cambiar su cara a voluntad.





Por supuesto, todos aquellos muñecos precisaban una serie de accesorios, como cochecitos, sillitas, cunitas... a parte de ropita, canastillas de aseo, etc...






Así, en plan baratillo, en los kioskos vendían unos sobres, a duro (cinco pesetas), llenos de juguetitos para niñas.




Juegos de enfermera, de cocina, de tiendas, de maquillaje, de limpieza... (qué sexistas, eh...)






Venían las piezas unidas entre sí, ya que todas eran de plástico inyectado. Había que ir separándolas una por una, pero al final daba gloria jugar con aquello.




Porque no había que esperar a que llegaran los Reyes Magos o un cumpleaños para tener un sobre de aquellos.

Si ahorrabas la paga o si te portabas muy bien, quizás el domingo caía un sobrecito.

Había sobres para niños también, en la próxima entrada hablaré de ellos.

También de kiosko eran las muñecas de papel de distintas editoriales, algunas de muy buena calidad, con la muñeca de cartón duro, o incluso con pelo, y otras más económicas, todo de papel.








Todavía las tengo, en unas cajas de camisas. Por el desván andan.


Aunque lo chulo era hacerse los vestidos al gusto de una. Como hacía con mis hijas, que me pasaba las tardes pintándoles trajes de princesa para sus muñecas de papel.




Y qué decir del biberón mágico.



Al girarlo se vaciaba gracias a una cámara escondida en la tetina. Podíamos dar la leche a los bebés-muñeco sin fingir, de verdad de la buena.



Recuerdo un momento de mi vida en que jugaba con mi plancha y mi tabla de juguete junto a mi madre, que estaba planchando de verdad.

 


Mi hermana, un bebé de meses, se puso a llorar, y mi madre la tomó en brazos. Yo fui a la cunita de juguete y me puse a mi muñeco contra mi pecho, abrazándolo.
Hay que ver, como aprendemos las cosas por imitación, eh...



Otros juguetes baratos eran las pulseritas de scobidou, un bebé en una trona, un gatito de plástico o la cámara de fotos que asustaba al disparar (bueno, eso de que asustaba es un decir...)


         



Llegamos a las cocinitas, las de toda la vida.




En los 70 eran de plástico o metal, y seguían el estilo de las de verdad. Las de madera, más antiguas, las dejo para otra entrada al blog que estoy preparando.

La cocinita que me trajeron los reyes a los cuatro años tenía una nevera con las rejillas de aluminio, un horno que se abría y las losetas de la pared eran de color azul, igual que la cocina de mi casa. El grifo lo tuneó mi padre para que sacara agua de verdad, con una pera de goma por detrás, después de jurar que no ensuciaría nada con el agua (cabía poquita, por otra parte).


Ahí llegaban todos los enseres para hacer comiditas: vajillas, batería de cocina, juego de café, cubertería... es curioso que en esos años no teníamos vajillas de Disney (qué alivio), y todo tenía un aire realista.







Los cubiertos, por ejemplo, eran como los de mi abuela, con aquellos adornos clásicos en el mango. Los platos y tazas imitaban a los de Duralex, los míos eran en verde, como los de mi madre.







Jugar a cocinitas en mi casa era imitar tal cual todo lo que pasaba en la cocina de los mayores. Sentábamos a los muñecos a la mesa y hala, a comer.

Y luego, impepinablemente, mis padres debían tomarse un café en nuestras tacitas.



Más adelante llegaron a las cocinitas los electrodomésticos que funcionaban “de verdad”: máquinas de coser, lavadoras, batidoras... aunque yo ya había crecido y no los tuve.



Y como no, hay que nombrar a la Señorita Pepis y sus famosos maletines.




Eran el no va más de los juguetes femeninos. Tenía multitud de juegos para cualquier niña soñadora de la época: enfermera, esteticienne, peluquera...  







Las niñas y los niños jugábamos a cosas diferentes, cosa lógica, ya que se esperaba de cada sexo un rol muy distinto...

Me dejo muchísimos juguetes en el tintero, pero estoy preparando una entrada sobre los que eran para niños, otra de juguetes unisex, otra sobre juguetes de nuestros padres, otra sobre casitas de muñecas...



  

sábado, 23 de abril de 2011

Nancy, de Famosa




Cuando yo era niña, la muñeca por excelencia era la Nancy, de Famosa.








Era una linda chica, con sus piernas fuertes y un cuerpo mucho más proporcionado que las anoréxicas Barbies.




Tenía multitud de accesorios: calzado, postizos de peluquería, ropa interior,









ropa de todo tipo que cambiaba cada temporada,






muebles,
 


complementos para viajar,


juego de café,



puzzles, juegos de manualidades... vamos, de todo.



Incluso llegó a tener novio, Lucas,


y una hermana pequeña, Leslie.





Las niñas teníamos a las Nancys como unas amiguitas más, y todo lo hacíamos juntas.


A mis hijas no les pude comprar una, porque ya no estaban de moda.
Sólo la encontré vestida de comunión, en plan adorno.




Y las nuevas Nancy eran una burda copia de la Barbie. Qué pena.




Las mujeres que tuvimos a Nancy como amiga, la recordamos con mucho cariño. Yo conservo la mía (rubia), y tengo también la de mi hermana (morena) y ahora la de mis hijas (la de comunión, que pasó a cambiarse de ropa como las otras, faltaría más).

Hace poco, en su cuarenta aniversario, la casa Famosa ha reeditado la Nancy de toda la vida, aunque venía acompañada por la Nancy New (también llamada Nancy besugo por los ojazos que le han plantado a la chavala).



Aunque ninguna New podrá sustituir a las Nancys de toda la vida...


Tazas servidas


Contadores de visitas

Aviso:

La mayor parte de las fotografías publicadas en este blog han sido encontradas por Internet. Si el autor de alguna de ellas desea que la quite de mi página, por favor, que me lo diga en el comentario correspondiente dejando nombre y correo electrónico de contacto y será eliminada.
Gracias.