Este mes he vuelto a participar en el reto de Adella Brac. Allí hay intervenciones buenísimas, vale la pena echar un vistazo.
Aquí está mi colaboración de mayo, con las palabras importancia, estaba y lado.
Siempre se había dado mucha importancia, él era imprescindible para que todo funcionara. Pensaba que todos se daban cuenta de su valía, no en vano opinaba constantemente para ayudar a los demás, aunque nadie se lo pidiera.
Y sin embargo era un completo don nadie, y en su funeral solamente un vecino se sentó al lado de su mujer. Y definitivamente, no estaba allí por él...
Hoy hace dos años que escribí este artículo en mi blog, después de enterarme de que acababa de morir Jesús Hermida.
Me apetece volver a publicarlo, en su memoria.
ADIÓS AL SEÑOR DEL TUPÉ
El sonido ambiental de mi niñez, mientras jugaba o hacía los
deberes, era la voz de Jesús Hermida.
Hoy he sabido que ha muerto de un infarto cerebral.
Me da un poco de vértigo que mueran personas que "siempre han
estado ahí", porque forman parte de mi pasado y me recuerdan que yo
también me hago mayor.
Hermida fue quien nos narró en directo la llegada del hombre a la
luna. Contaba él mismo que, al salir de la NASA, se quedó mirando hacia arriba
y pensó "ahí arriba hay dos tíos". Ese fue su mejor momentazo
televisivo.
Pero es uno de muchos, ya que durante años estuvo presentando,
entrevistando o incluso dirigiendo una cadena, Antena 3. Y descubriendo o
relanzando algunas de las caras más conocidas de la televisión.
Al margen de si nos gustaba o no, creo que siempre formará parte
de nuestros recuerdos, con su tupé y su manera de moverse (debía volver locos a
los cámaras).
Una frase suya que me ha gustado:
Que el niño que fuiste no tenga que avergonzarse nunca
del adulto en el que te has convertido.
En el
desván de mis abuelos encontré una caja de hojalata un poco oxidada. En el
frontal ponía “Pastillas de
café y leche Vda. de C. Solano”. Era
más antigua que las que yo conocía.
En las
más modernas, por la parte inferior, ponía “contiene
toffe nata”. Tal vez ya no
era la misma receta…
Estos
caramelos de toffe son los que se pegan a los dientes de mala manera, pero
están de buenos… se hacían de café con leche, de nata o cubiertos con una
capa de chocolate.
Cuando yo era niña era un lujo que alguna visita nos
trajera a mi hermana y a mí una caja de caramelos Viuda de Solano.
Las
cajas, de lata y preciosas, eran una posesión apreciada, tanto si traían
caramelos dentro como si no. Más modernas que la que encontré en el desván, las
de mi época tenían imágenes de flores, paisajes, trenes… o dibujos infantiles.
Luego
servían como costurero, hucha o joyero, o las usábamos para guardar pequeños
tesoros que todos los críos íbamos coleccionando: botones, canicas, unas
monedas…
Esta es la caja donde yo
guardaba mis colores, qué casualidad encontrar la foto por Internet…
Pero,
¿quién fue la viuda de Solano?
Su nombre
era Antolina Ruiz-Olalde y fue la esposa del señor Celestino Solano,
propietario de una confiteria en Logroño.
Año
1830. Una mañana, mientras Antolina tomaba un café con leche, unas gotas
cayeron sobre la plancha de la cocina y cuajaron. Las probó, y vio que tenían
un sabor delicioso. Se le ocurrió hacer unas pastillas de café con
leche para regalar a la clientela. La fórmula tenía un secreto que llama la
atención: se confeccionaban con leche de burra.
Tuvieron
tanto éxito que el matrimonio Solano-Ruiz Olalde se vio obligado a dejar la confitería
y dedicarse en exclusiva a la elaboración de las pastillas, aunque las hacían a
mano y solamente llegaban a producir diez kilos por día.
Años
más tarde, cuando el negocio ya estaba en manos de su sobrino nieto Fernando
Cabañas, se mecanizó la producción y la leche de burra fue sustituída por leche
de vaca. Por entonces se llegaba ya a la producción de mil kilos de pastillas
al día.
La mano de obra femenina era la más solicitada en esta
empresa, como en otras muchas del sector de la alimentación. En la foto podemos
ver la edad de algunas trabajadoras... eran otros tiempos.
La fábrica fue vendida y trasladada, y ahora los
caramelos Solano ya no son lo que eran, aunque hay muchísimos sabores y una
buena variedad de ellos sin azúcar. Están muy ricos, pero ya no es lo mismo...
Por
cierto, ¿de qué moriría Celestino? Espero que no fuera de un atracón de
caramelos…
Este mes he vuelto a participar en el reto de Adella Brac. Allí hay intervenciones buenísimas, vale la pena echar un vistazo.
Aquí está mi colaboración de abril, con las palabras camisa, ganar y compromiso (en un word, con fuente de tamaño 12, ocupa cinco líneas de texto):
Se abrochó la camisa
pensando en la apuesta que había aceptado un año atrás. Para callar la boca
a sus colegas, y satisfacer su orgullo varonil, acabó comprando un anillo de compromiso. Lo único que importaba era ganar el maldito desafío (cómo se lo
iba a restregar a los amigos), y por este absurdo motivo una mujer vestida de
blanco iba a tener la mayor decepción de su vida ante el altar.
Aviso:
La mayor parte de las fotografías publicadas en este blog han sido encontradas por Internet. Si el autor de alguna de ellas desea que la quite de mi página, por favor, que me lo diga en el comentario correspondiente dejando nombre y correo electrónico de contacto y será eliminada.
Gracias.